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En este mes exaltamos la fuerza de ser mujer

La conmemoración del día 8 de marzo se institucionalizó por la decisión de la Organización de las Naciones Unidas en 1975 como resultado de la lucha que han emprendido las mujeres por la reivindicación de la igualdad de sus derechos.

Para que esta fecha se oficializara tuvieron que surgir, durante los siglos XIX y XX, distintos sucesos para que se pudiera conmemorar y recordad esta fecha en honor a las mujeres. Uno de estos momentos fue la huelga realizada por más de 15.000 mujeres, trabajadoras textiles, que marcharon por las calles de Nueva York en 1908, donde protestaron por las penosas condiciones de trabajo, exigiendo una reducción de la jornada laboral, mejores salarios y el derecho al voto. En el año siguiente, comenzó la huelga de las camiseras o más conocido como el Levantamiento de las 20 000, la cual fue dirigida por Clara Lemlich y apoyada por la Liga Nacional de Sindicatos de Mujeres Estados Unidos y fue gracias a esta protesta que el 28 de febrero, se conmemoró por primera vez el día nacional de las mujeres.

El 25 de marzo de 1911, Nueva York fue nuevamente escenario de uno de los hechos más simbólicos en la lucha por la igualdad, 123 mujeres y 23 hombres murieron en un incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist, la mayoría jóvenes inmigrantes de origen judío e italiano. Los dueños cerraron las puertas para evitar hurtos, imposibilitando a los trabajadores a escapar de las llamas. Este fue el elemento clave impulsor para que se diera oficialmente la institucionalidad del día de mujer.  

El 8 de marzo se conmemora la lucha de la mujer por su participación en pie de igualdad con el hombre en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona.

Es por esto que, a lo largo de este mes, conoceremos diferentes historias de vida que nos refuerzan el verdadero significado de ser mujer y personera. Mujeres que a lo largo de su vida han sido ejemplo a seguir, porque a pesar de las circunstancias que puedan llegar a vivir y de las veces que se puedan caer, se levantan con la cabeza en alto y con ganas seguir luchando para aportar a una sociedad que sea mejor. Y son esas mismas ganas las que las impulsan a ser las representantes de sus comunidades, defensoras de los Derechos Humanos, erradicadoras de las injusticias y desigualdades que viven sus municipios y son alicientes para que se siga construyendo un camino de paz, prosperidad y justicia.

Son esos testimonios que dan fe de la gran labor que realizan, mujeres que no quieren ser la imagen de una revista ni salir en la televisión, sino que quieren ser un apoyo y un sostén para su comunidad y para la gente que las rodea. De igual manera, quieren marcar la diferencia, que las recuerden, que repliquen sus acciones y que se unan a esta valiosa y hermosa labor.

Porque ser mujer va más allá del estereotipo de la apariencia, de un cuerpo estilizado, un cabello bonito, un espectacular maquillaje, un estilo moderno, una sonrisa perfecta y encantadora. La verdadera esencia de la mujer es ser luchadora, empoderada, guerrera, trabajadora y emprendedora. Es aquella que tiene una entrega y amor incondicional, que vive en una lucha constante de dar vida y sentido a ella.

La mujer antes de ser madre, hija o esposa, es un ser humano, amorosa, fuerte, valiente, sencilla, ágil, leal y firme, que en la mayoría de las ocasiones sus motivaciones y deseos más nobles van encaminados a hacer felices a otros, a dar más que a recibir, dejar de ser para que los demás sean y es eso las hace ser valiosas.

En cualquier faceta que se desempeñen como madre, esposa, hermana, sobrina o tía, juegan un papel muy importante brindando cocimiento, aprendizaje, anécdotas, risas, experiencias, sueños y momentos que quedan marcados en la memoria de todas las personas que las rodean. No importa en qué rol se desenvuelvan, doctoras, abogadas, secretarias, amas de casas, psicólogas, o cualquier otro oficio, la mujer es única y maravillosa por querer siempre dar lo mejor, brindar un grano de arena para que sus familias, hijos, hermanos, padres, amigos y colegas sean felices y prosperen.

Cada mujer tiene un brillo especial y diferente, su luz inspira, guía y fortalece a sus seres queridos, mantienen viva la esperanza y la construyen día a día, con cada acción que hacen. Estas pueden pasar por la ternura de un beso, el calor de un abrazo, la delicadeza de una caricia como madre o esposa, un consejo de una tía o amiga, hasta ser la imagen de liderazgo, lucha y defensa por los derechos humanos de su comunidad.

Escrito por María Camila Quevedo Rodríguez.

                                                  

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